martes, 7 de mayo de 2013

VINOS NUEVOS



Tragolargo 2012

Les mostramos un nuevo vino, un vino de sed, fresco, muy fresco,

de la variedad Monastrell y sin crianza en barrica.
 
Para beber como su nombre indica a Trago largoo
 
 
 
Ramlís Monastrell 2012 y Ramblís Del Arco 2012
 
Monastrell y Forcayat Del Arco, dos variedades autóctonas
y dos vinos diferentes.
 
La Amistad 2012
 
De nuevo la variedad Rojal nos muestra un vino fácil, fresco, frutal
y criado en tinaja.
 
Musikanto 2012
Con Garnacha Peluda tenemos este vino elegante, para el disfrute.
Frutas silvestres y recuerdos a tierra y arcilla.
 
 
 
 
 
 
 

viernes, 5 de abril de 2013

MILEURISMO GOURMET



Viñedos culturales: vinos de arena y sal.


Un buen día conocí los vinos de Rafa Bernabé. Aparte de un enorme deleite, aquello supuso mi reconciliación con el Levante.

Más tarde tuve la fortuna de conocerle a él. Un tipo honesto, directo, con alma. Igual que sus vinos. Sin embargo, me faltaba algo, su entorno.
 
Ahora, tras haber estado allí, todo encaja.
De la misma forma que en el paraíso no hay tesoros. En un entorno hostil, donde el delirio del ladrillo ha consumido casi todo lo que era natural y auténtico, un hombre ha sabido volver a encontrarse con la tierra que nos da de comer y volver a plantar brotes verdes. No de billetes, sino de riqueza en forma de vida.
De forma pausada. Él dice que “regando con cabeza”. Sin atajos pero también sin corsé, prejuicios ni aires de grandeza. Tan solo agricultura para alimentarse y disfrutar.
Llegar a Usaldón, acompañados de Olga y Rafa, habiendo probado con anterioridad su fruto tiene un punto mágico. Casi morboso. No me pregunten por qué. Susurros, cepas de garnacha peluda que vieron más inviernos que el que suscribe, rodeadas de níveos pedruscos, y clavadas en un suelo pobre, muy pobre. Pero no hace falta escarbar demasiado para encontrar humedad y vida al fondo, testigo de esmero, cariño a la tierra y buen trabajo de viña. La sombra del ciprés deja su aroma y marca el camino.
Los Cipreses de Usaldón 2010 ha crecido y ha ido sustituyendo jovialidad por serenidad, fruta rabiosa por complejidad y en definitiva juventud por madurez recia, aunque plena de vida. Cereza seca, manzana reineta y flor marchita con notas algo rústicas, son la antesala de un vino de campo, sabroso, vibrante y mineral.
El 2011 está más tierno, la zarzamora y el plátano nos muestran aquí la cara más joven de un vino sano, directo y de trago largo. Algo más picante y jovial que 2010, aunque manteniendo mineralidad y elegante amargor.
 
Poder beber- que no catar, ni escupir- a pie de viña esa garnacha peluda, clavada a roca y ciprés, aun a riesgo de perder la objetividad, les aseguro que no tiene precio. Si lo acompañamos de buen embutido y pan moruno, ya ni les cuento.
 
De allí nos vamos a la bodega. Una nave funcional, para qué más. El vino y la verdad, están ahí fuera.
Nos espera Curro y sus manos, cuya desproporción artesana muestra décadas de laborioso mimo a la viña. Cuantos viticultores matarían por que sus cepas tuvieran una comadrona similar. También aguardan las tinajas de Padilla.
 
 
Barro y vino, como cuando empezó todo.
 
Unas burbujean, otras sangran, todas diferentes, y todas guardan secretos que pronto- esperemos- irán de boca en boca.
 
De nuevo comienza el festival. Con música, no podía ser de otra forma.
 
El Musikanto 2012 es una fiesta entre amigos, la celebración de lo esencial y lo cotidiano. Sus concesiones a la estética, y a los fuegos de artificio, terminan con sus bonitos colores. Monte y naranja sanguina. Algo de tomillo. Tenso y vivaracho pero austero. Muy seco y directo.
 
La Amistad 2012 continúa la línea musical, aunque con más fuste. El carácter vibrante de la rojal se impone con color visual y sápido. El Morrón 2012 garnachea. Más al estilo Languedoc que al ibérico. Con tremenda frescura. Y la Forcayat sencillamente enamora por tipicidad y terruño. Atención a esta variedad, un cañón que en buenas manos como estas, dará grandes vinos.
 
Con Tragolargo, cuyo nombre explica todo, pasamos a las distintas encarnaciones de la monastrell. Desde la precisión hasta la complejidad sápida de la tinaja, que -ojo- nada aporta más allá de lo que la uva lleva consigo. Evocador Ramblís que nos hace de antesala de otros sueños, más dulces y voluminosos. Raspones, largas maceraciones, vendimias tardías, soleras, fabulosos encabezados con aguardiente de sidra.
Los sueños de Rafa cambian según quien y cuando los prueba, enriquecen el alma y deleitan al paladar sin agredir al bolsillo. Vinos de entre cinco y doce euros en tienda.
 
Secretos destinados al deleite que encorchamos para buscarles compañía. Por eso nos dirigimos a Casa Ricardo, en Raspay, un auténtico templo en el que el monte y el sarmiento dan forma a una paella sabrosa y crujiente, de un grano de grosor, sencillamente deliciosa.
 
 
 
 
Antes llegan los caracoles y el acordeón de Musikanto vuelve a sonar. Se evapora antes que llegue el conejo y el festival empieza de nuevo. Más allá de las imágenes, poca luz puedo arrojar.
 
 
 
 
Nos vamos a Torrevieja. A mano izquierda la desolación del ladrillo, a mano derecha, la esperanza. El parque natural de La Mata.
 
 
 
Entre arena de playa y viento de sal crecen cepas de moscatel y merseguera. Sobreviven a duras penas a los ataques de los conejos. De cuatro patas, pero también de dos, los más destructivos.

Vendimia a tiempo, terruño y barro que dan blancos eléctricos, salinos y austeros.
El Carro, La Viña de Simón, Las tinajas de La Mata. Hechos, una vez más, para disfrutar.
Pero la tierra aun nos reserva una sorpresa antes de que anochezca. Limpio y embriagador, el olor creciente del azahar nos hace olvidar la hostilidad del entorno. Entramos en la tierra del naranjo. El de verdad. Árboles cargados de frutas carnosas, aromáticas, terribles, cuyo dulzor rebosa las comisuras de nuestros labios y colman el apetito y el espíritu.
 
 
 
Pero el sol se pone y toca despedirnos. Nos llevamos los caramelos de la tierra en el paladar, una sonrisa en la boca y la certeza de que no todo está perdido.
 
 
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martes, 5 de marzo de 2013

El proceso de la amistad


DE VINIS    
JOAN GÓMEZ PALLARÉS

28 febrero, 2013

 




 
Es complejo describir el proceso de una amistad, hecho de pequeños detalles y matices que se acumulan y crean poso, hasta que, casi sin darte cuenta, estás hablando de “mi amigo…”. Me siento amigo de Rafa Bernabé. En el caso del vino es un poco más sencillo. Suele sucederme: cuando me gustan mucho los vinos de una persona, procuro conocerla y, casi siempre, pisar también sus viñedos. Cuando me gusta mucho un vino, casi siempre me gusta la persona que lo hace. De ahí a la amistad suelen mediar unas pocas botellas, alguna comida interesante y encuentros llenos de coincidencias en gustos, vinos, aromas, maneras de acercarte al viñedo y de hacer vino. Y ya está. Rafa cultiva (con la ayuda de Paco "el curro" y de los musikantos) viñedos en la zona de Villena (DO Alicante), sobre los 700 msnm, con alguna de las variedades del sureste español, la monastrell, la merseguera, la rojal, la forcayat y la garnacha (peluda) entre las principales. Y trabaja también al nivel del mar, dentro del Parque Natural de La Mata-Torrevieja, frente a la laguna de las salinas, con dos variedades que aman ese terruño tan especial: de nuevo la merseguera y la moscatel de Alejandría.

Los vinos de Bernabé Navarro tienen una característica principal: son muy fáciles de beber y de disfrutar, no necesitan grandes explicaciones y, además (y tal y como es Rafa mismo), son vinos comodín: sirven para comer gran variedad de recetas. Otras características hicieron que, de forma definitiva, me enamorara de ellos: le encanta la maceración carbónica (también la semi) y, fuera de La Rioja, es de las personas que mejor la realiza. Su Cipreses de Usaldón 2010 (con garnacha peluda) fue un vino que me hizo ladear la cabeza para preguntarme “¿pero qué es esto tan rico?” La Amistad 2012 (con rojal) es buen ejemplo de otra de las cosas que más me gusta de esta bodega: es pionera (en España) en la recuperación de las tinajas de barro para la vinificación. Las tinajas se las hace Juan Padilla, maestro tinajero de Villarrobledo, hombre que atesora la experiencia que sólo un padre puede dar a un hijo aprendiz de un oficio milenario. He tenido la suerte de verle trabajar, con sabiduría, humildad, conciencia, amor y pasión y sé que el mosto que entre en sus tinajas no puede acabar en mal vino. El de Rafa es excelente: ese Amistad 2012 es fresco, amable, floral (violeta) y discreto. Grande.


















 




La tercera característica de los vinos de Bernabé Navarro me lleva a sus viñedos en La Mata (el proyecto se llama Viñedos Culturales). Cepas que miran al mar y que se alimentan de un suelo pobre de solemnidad en materia orgánica, hecho de arena y de cal, cepas que, pese a lo que pudiera parecer y uno pudiera pensar para Torrevieja, gozan de un frescor inusitado: la brisa del mar, la humedad y cercanía de las raíces con la capa freática, más la increíble capacidad de adaptación de esta planta, hacen el milagro anual. Vinos secos de moscatel de Alejandría (El Carro) y de merseguera (La Viña de Simón), macerados con sus hollejos y con algo de raspón (ésa es la tercera característica de muchos de los vinos de Rafa), hechos en las tinajas, que ofrecen una fragancia y una frescura extraordinarias. La última vez que nos vimos entendí la grandeza de estos vinos que luchan por salvar un patrimonio cultural (los vinos de La Mata: cepas junto al Mediterráneo) en un mar de especulación urbanística, de ladrillo desaforado y de economía que ha perdido todo contacto con la realidad a la que debería haber atendido.


Fue frente a la laguna de las salinas de Torrevieja, en La Mata. Rafael plantó una mesa entre las cepas, sacó una nevera con los vinos que ellas dan allí. Simón Pérez García (el gran protagonista de la preservación de los viñedos en el parque natural y de cuyas cepas de merseguera sale ese estratosférico La Viña de Simón 2010, por ejemplo) estaba con nosotros. Aquí están, en la foto. Un poco de queso, una rodaja de buen chorizo, la hogaza de pan de horno moruno y unas copas de vino con charla sin reloj. Soplaba el viento del norte, frío, que rizaba el mar y traía y ampliaba todos los aromas de la laguna. Así son los vinos de Rafa: te meten dentro del paisaje. Así es la amistad. Todo sabe mejor.